Ajos y Cebollas – Descascarando nuestra vida

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Ajos y cebollas. Dos ingredientes reyes del sabor culinario, pero no hechos para perezosos.

Cuando una receta dice pelar y picar 3 dientes de ajo, sabemos que tendremos una comida aromática y deliciosa. Solamente el saltear ajo con aceite de oliva ya llena la casa de un aroma riquísimo que nos hace esperar una preparación suculenta, pero el trabajo que nos espera no es fácil.

 Los ajos pueden ser negros, morados, violetas, cobrizos, colorados, blancos o rosados; pueden clasificarse por su tipo de cuello y origen; la cebolla no está muy largo de estas características, en lo personal conozco nueve, incluso cada tipo debe ser cortado de manera diferente, pero eso si, todas me hacen llorar.

Estas dos hortalizas vienen envueltas en una capa frágil, pero al momento de ser trabajada necesitas de un buen cuchillo y destreza para sacar la cáscara en su totalidad y no hacerle daño al producto que esta adentro; lo lindo es que conforme vas sacando la sucia y molesta cáscara comenzas a darte cuenta de que dentro existe algo tierno y jugoso difícil de percibir a simple vista.

Estos “descubrimientos” en el interior de la cáscara tienen un jugo tan potente que literalmente te puede sacar las lagrimas o penetrar tanto en la piel que será difícil de quitarte el aroma de encima. -En lo personal descubrí que la única forma de sacarte el olor a ajo o cebolla de los dedos es frotando tus manos contra metal como el lavaplatos, por ejemplo. –

Pero ¿Qué pasa con los ajos y cebollas que me motivaron a escribir esta entrada? Pasa que me recordaron a mi misma hace unas semanas.

Tuve una semana llena de tensión, exámenes, obligaciones y muchos cambios que afrontar; todo estuvo bien hasta un momento que la presión se comenzó a sentir como la de un desierto; si alguna vez te ha tocado caminar largas distancias bajo el sol del desierto o a un área arenosa cerca de la playa, sabes lo que es sentir que tu cuerpo se debilite por el calor y pesadez. Bueno, exactamente eso fue lo que me paso, los desvelos del estudio, más las obligaciones y responsabilidades incrementadas en la semana hicieron que mi cerebro se quisiera esforzar, pero mi cuerpo entrara en huelga.

En estos momentos es cuando vienen esas enfermedades que el doctor dice “es stress”.

Esta experiencia me hizo descubrir que los problemas, al volverse como un desierto que agota nuestra mente y cuerpo, sacan algo dentro de nosotros que de otra forma no sale fácilmente. Al igual que los ajos y cebollas, hay algo dentro de nosotros que a simple vista no se puede percibir, una capa áspera cubre parte de nuestra identidad y una vez que esa capa es removida la vulnerabilidad es expuesta con la misma fuerza de una jugosa cebolla que nos hace llorar.

Leyendo Números 4  pude ver lo que paso el pueblo de Israel cuando se cansaron del Maná del cielo lo cual me hace alusión a lo que vivimos cuando las situaciones cambian en nuestras vidas y estas nos causan stress. El problema está cuando el stress nos aleja de percibir la presencia de Dios.

Números 11 Los israelitas se quejan contra Dios

11 Los israelitas siempre se quejaban con Dios por los problemas que tenían. Cuando Dios oyó sus quejas, se enojó mucho y prendió un fuego alrededor del campamento. 2 La gente empezó a gritar y a pedirle ayuda a Moisés. Entonces Moisés rogó a Dios por ellos, y el fuego se apagó.3 Por eso llamaron a ese lugar Taberá, que quiere decir «incendio». Lo llamaron así para recordar que Dios se había enojado allí contra ellos. 4-9 Cada noche el maná y el rocío del campo caían juntos. El maná era pequeño como la semilla del cilantro, y amarillo como la resina. Por la mañana la gente salía al campo a recogerlo, luego lo molía, lo cocinaba y hacía panes con él. El maná tenía un sabor parecido al del pan de harina con aceite. Sin embargo, entre los israelitas había gente de otros pueblos que sólo se preocupaba por comer. Los israelitas se dejaron llevar por ellos, y empezaron a llorar y a decir: «¡Ojalá pudiéramos comer carne! ¿Se acuerdan del pescado que comíamos gratis en Egipto? ¡Y qué sabrosos eran los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos que allá comíamos! En cambio, ahora nos estamos muriendo de hambre, ¡y lo único que vemos es maná!»

El Señor mostraba Su misericordia en el desierto dándole de comer al pueblo de Israel y abasteciendo sus necesidades.

Estamos en un tiempo donde nos maravillamos al ver milagros y la obra manifiesta del Señor y su poder, estamos en un tiempo de creer por fé y no por vista, sin embargo, en el tiempo de los israelitas era distinto; ellos podían ver la presencia del Señor en forma de nube durante el día, como un fuego en la noche; además podían ver el maná cayendo del cielo y muchos otros milagros. Sólo con haber visto el mar abrirse en dos creerías que su fe y confianza no sería movida fácilmente.

Pero sucede de que al igual que nosotros nos quejamos, ellos también se quejaban. En este caso ellos ya estaban cansados de lo que Dios les daba de comer en el desierto y querían volver a comer carne, melones, puerros, cebollas y ajos.

¿Sabías que la palabra “maná” es una trascripción de dos palabras en hebreo que juntas? significa “¿Qué es?” Aún para nosotros es difícil comparar la descripción de este alimento con algo conocido.

Lo crucial es que ellos vieron a Dios proveer cada mañana, como un padre que los alimentaba y cuidaba, no fueron desamparados nunca, incluso, a pesar de sus constantes quejas no fueron castigados sin alimentos porque Dios es misericordioso.

Es normal que cuando los seres humanos somos apretados por las circunstancias, salga de nosotros carácter que desconocemos; ese lado quejumbroso, que puede ver caer el maná del cielo sin maravillarnos.

Cuando se nos es quitada esa capa protectora de la comodidad, lo que nos hace ser personas fuertes, le decimos a Dios: ¿qué es esto que me estas mandando, no podés mandarme algo que entienda? ¿Que es esta situación que estoy viviendo? Y lo mas grave es que al vernos a nosotros mismos decimos: ¿qué es esta actitud que tengo ahora y porque no me la puedo quitar?

Al hacernos estas preguntas y caer en el reniego, a veces caemos en la comparación y llegamos a desear la vida que llevan otros en el mundo de donde salimos. Incluso de alguna esclavitud que podíamos vivir antes. Todo lo ajeno a nuestra situación se ve tan alegre y tranquilo que añoramos ese alimento que comíamos antes.

Por que antes nos refugiábamos en vicios y actividades que callaban temporalmente nuestro sufrimiento, nos anestesiábamos, sin resolver nada, pero nos alimentábamos de sonrisas artificiales. En el mundo yo no tenia que vivir las consecuencias de decir la verdad, me inventaba un cuento y no había consecuencias ante mis errores, me iba a buscar bulla, o a buscar personas que me podrían conseguir dinero fácil… No dependía de Dios, dependía de todo lo demás, el mundo tiene tantas opciones ¿no? Una más peligrosa que la otra.

Cuando sale nuestra identidad y la cebolla se vuelve tan fuerte que nos hace llorar y nos deja ciegos. Por esta razón es que nos sentimos perdidos.

Hay dos caminos a seguir, agarrar mis pertenencias y caminar de retroceso en el desierto volviendo a la vida anterior, donde todo se ve mejor, pero hay consecuencias que me esperan, o sigo adelante aventurándome en esta nueva vida que Dios me ha dado, confiando en su fidelidad, y espero a llegar a la tierra prometida, la cual en este momento se ve tan lejana.

Algo muy interesante es que El Señor sabía que los Israelitas debían ser purificados, y esa es una de las maravillas de ser vulnerables en medio de la adversidad. Nos damos cuenta de cual es nuestro verdadero problema, tal vez no es el examen, el cambio de planes, la pobreza o mi familia; sino la impaciencia, la necesidad de fortalecer nuestra fe.

Una vez que la capa de cebolla es removida, tenemos la capacidad de alterar el estado actual y deshacernos de lo que nos impide llegar a la tierra prometida.

Romanos 12:12

 Mientras esperan al Señor, muéstrense alegres; cuando sufran por el Señor, muéstrense pacientes; cuando oren al Señor, muéstrense constantes.

Romanos 12:12 nos da una receta un poco complicada de seguir en medio del enojo, pero la buena noticia es que El Señor sabe que no tenemos esa paciencia y alegría y por eso nos manda a ser constantes en oración, porque esa oración será nuestro maná. ¿Sabias que Jesús es representado en el Maná?

Juan 6:50-51.

El que cree en mí es como si comiera pan del cielo, y nunca estará separado de Dios. Yo he bajado del cielo, y puedo hacer que todos tengan vida eterna. Yo moriré para dar esa vida a los que creen en mí. Por eso les digo que mi cuerpo es ese pan que da vida; el que lo coma tendrá vida eterna.»

Debemos sustentarnos con la presencia de Jesús, porque es el único alimento capaz de manteneros en pie en cualquier situación adversa, y de darnos una vida que no será abrumada por la esencia que sale nosotros una vez que el desierto nos quita la piel protectora y somos expuestos y vulnerables.

Cuando la vida se pone dura, llegamos a un punto en que todo nos da la espalda, es como si el mundo se esmerara en cerrar puertas. Pienso que esto no es casualidad.

Jesús quiere que nos demos cuenta que a pesar que en la esclavitud comimos carne, melón, ajos y cebollas  y sentíamos que esto nos satisfacía; ahora solo el Maná nos puede sustentar de verdad sin enfermarnos ni cansarnos. Lo mejor es que el alimento del cielo se renueva cada mañana sin merecerlo ni pedirlo, incluso sin desearlo allí está, al igual que Su misericordia.

Lamentaciones 3: 22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.”

Jesús quiere que nos demos cuenta de que Su gracia es suficiente al punto que es capaz de llevarnos a caminar por desiertos  sin desfallecer, El viene a refrescarnos y darnos fuerza para llegar a la tierra prometida.

Aunque la situación se vea imposible para nosotros, para Jesús es posible, pero debemos dejarnos alimentar del maná, del pan de vida.

Si la vida te ha vuelto vulnerable y sentís que no podes más, pedile al Señor un toque divino y sazona tu vida con gracia.

Chef Aura.

Published by G-A Aura

Chef de profesión, escritora por vocación y redimida por la gracia de Dios.

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