La Receta de la Espera

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Cocinar para mi es entrar en un proceso creativo que dependiendo de la receta puede ser relajante o retador, pero si hay algo que la cocina me ha enseñado con algunas preparaciones es a ejercitar la paciencia.

Hace unos años cuando mi hijo estaba pequeño, vivíamos en un país en el que era difícil encontrar un dulce de leche rico, de esos cremosos y en su punto, por esta razón me tocaba hacer un pote de dulce mínimo una vez al mes. Para los que nunca han hecho dulce de leche, les cuento que a pesar de que lleva solo cuatro ingredientes, es una preparación larga, dependiendo de la cantidad que hagamos podemos estar entre dos a tres horas moviendo la delicada mezcla de leche y azúcar -una combinación fácil de quemar-, esto significa de que estamos atados a la cocina durante todo este tiempo.

Hay quienes ya hemos dominado la habilidad de revolver dulce de leche con una mano y sostener el celular con otra -si, de acuerdo con el Codex alimentario esto es una aberración- porque seamos sinceros, al menos que encontrés un excelente podcast, predica o audiolibro para escuchar, estar de pie sin hacer nada por tanto tiempo es extremadamente aburrido, no se que es más largo, dos horas de fila o de revolver dulce de leche, pero en cualquiera de las dos la clave para no desesperar es buscar que hacer.

Exactamente esto, buscar que hacer, es la clave para aguantar cualquier espera, incluso la de una respuesta de oración en proceso de ser contestada.

A mi me ha tocado esperar mucho en la vida, pero esto es algo que aún me cuesta. Recuerdo que los tres días mas largos de mi vida fueron en cuidados intensivos porque no podía hacer nada más que estar acostada y esperar a que mi cuerpo decidiera asimilar la medicina para salir de peligro, después en un cuarto privado de hospital tocó esperar a que mi cuerpo decidiera llegar a tener signos vitales normales, posteriormente tuve que pasar por tres meses de tratamiento para que mi organismo se estabilizara y ya no necesitara fármacos, después me tocó orar por fortaleza para aceptar que requería tres meses más de pastillas; hasta que por fin aprendí que solamente bajando de peso me iba a recuperar totalmente, entonces me tocó la espera de que mi cuerpo adelgazara lo suficiente. Esto anterior es solo el ejemplo de una espera de casi dos años para estar sana en la que puedo decir con claridad de que Dios me guio y ayudó en el proceso.

Algunos dirán: “Vos, y si estuviste tan mal que te tocó bajar de peso, ¿Qué haces comiendo dulce de leche?” Pues la respuesta es que aprendí que las porciones importan mucho. Pero sigamos con el relato.

Enfermedad, malas rachas financieras, problemas familiares, situaciones socio-politicas; las situaciones de espera son infinitos, cada uno tiene su propia historia y procesos. Por ejemplo, en la biblia hay muchos ejemplos de personas que tuvieron que esperar:

  • Abraham tuvo que esperar por su hijo prometido por Dios.
  • A Jacob le tocó trabajar por su esposa Raquel y esperar mucho tiempo.
  • El pueblo de Israel tuvo que esperar para ver la tierra prometida.
  • El Rey David tuvo que esperar para ser rey.
  • A Job le tocó esperar a que pasara su prueba.
  • Elizabeth tuvo que esperar para tener un hijo ya a su edad avanzada.
  • Jesús esperó casi toda su vida para empezar su ministerio.
  • Los discípulos esperaron la resurrección cuando más desanimados estaban.

¿Vos que estas esperando? ¿y que haces mientras esperas?

Si algo tienen en común los personajes bíblicos que ejemplifican la espera, es que durante el desgastante proceso de aguardar la promesa, no tomaron acciones por su propia cuenta, supieron ser pacientes. “Quien espera desespera” dice el dicho, pero yo le agrego: “quien desespera pone en riesgo su fe”.

El rey Saúl fue uno que perdió su comisión por desesperado.

En 1 Samuel 13:8 vemos a un Saúl que estaba con su ejercito en espera al profeta Samuel, los israelitas no estaban en su mejor momento pues se encontraban en aprietos, pero habían recibido una orden de parte de Dios. El rey Saúl se desesperó al ver que sus soldados desertaban, tenía una presión externa, entonces decidió desobedecer a Dios y cuando ya había esperado el plazo establecido, dio un paso de desobediencia, en ese momento llegó el profeta Samuel y le reclamó por su actuar, por tomar facultades que no le correspondían como era ofrecer un holocausto.

—¡Te has portado como un necio! —le replicó Samuel—. No has cumplido el mandato que te dio el Señor tu Dios. El Señor habría establecido tu reino sobre Israel para siempre, 14 pero ahora te digo que tu reino no permanecerá. El Señor ya está buscando un hombre más de su agrado y lo ha designado gobernante de su pueblo, pues tú no has cumplido su mandato. 1 Samuel 13:13

Mientras esperamos debemos poner en practica disciplinas que nos ayuden a bloquear las presiones externas para enfocarnos en que tenemos una promesa. No te pases el tiempo de espera viendo Netflix ni sumergiéndote en vicios (comida en exceso, chismes, juegos del celular o la computadora), no mates el tiempo, ocúpate mejor en algo que te ayude a crecer. Mientras esperas, alguien necesita tus manos, tu tiempo y tus habilidades, aún en la incertidumbre podemos ser de bendición.

Bueno es el Señor con quienes en él confían, con todos los que lo buscan. Lamentaciones 3:25

El Señor ha prometido ser bueno con nosotros, pero debemos confiar y buscar su rostro durante la espera; solo Su presencia nos ayudara a ser más fuerte que el panorama que nos rodea.

Cuando ya el dulce de leche lleva más de una hora, llega un punto en el que ya no se ven muchos cambios en la preparación a pesar de que los ingredientes están pasando por procesos químicos y alteraciones. El color tarda más en oscurecer y la textura en espesar, pensamos que esto ya no va a salir bien y hasta dan ganas de abandonar el proceso. De igual forma, es fácil desanimarse cuando ya llevamos un tiempo esperando porque durante la espera pasan cosas que no podemos ver, se trabajan corazones, voluntades y se acomodan situaciones, pero nada de esto es automático, lleva su tiempo; a veces somos nosotros los procesados al esperar, quizás no estamos listos aún para la bendición que viene.

El dulce de leche cuando toma color llega a un momento crítico en que puede quemarse, aquí es cuando debemos cuidar más la preparación y no bajar la guardia, pero lastimosamente muchos hemos caído en la trampa de no darle el punto porque nos cansamos de estar de pie a la espera. No caigamos en la trampa de desesperar ni de buscar atajos, esto seria tan trágico como alterar una receta cuando estaba a punto de salirnos. La receta de tu bendición está en cuidar de tu estado espiritual y no hacer caso a las voces del desánimo.

¿Y si no nos sale?

A todos nos ha pasado de que hemos recibido una respuesta contraria a la que esperábamos, pero quiero informarte de algo que debes tener en cuenta, el “no” también es una respuesta.

Si una puerta se cierra debes entrar en un tiempo de recogimiento y pedirle al Espíritu Santo que te ayude a discernir si esto es una redirección de propósito o si hay que seguir esperando. A veces una puerta cerrada es simplemente Dios diciéndote que hay algo mejor para tu vida o que viene un cambio de temporada y aunque duele muchísimo, debemos entrar en un tiempo de discernimiento para entender la voluntad del Señor.

En cocina ya me ha tocado tirar muchas preparaciones que no me salieron a pesar de hacer todo lo que estaba en la receta, pero después de hacerlas entiendo que error cometí, esto me sirve de para no volverlo a hacer.

En la vida no hay recetas, pero si hay algo que se le parece es la experiencia. Cuando Dios dice no, solo el tiempo nos ayudará a entender esa respuesta, pero solo lo lograremos si en vez de entrar en rebeldía y enojo buscamos la guía del cielo para entender las cosas.

Muéstrame la senda correcta, oh Señor; señálame el camino que debo seguir. Salmos 25:4-5

No esperemos de brazos cruzados platicando con las posibilidades y el estrés. Descansemos en la confianza de que cualquiera sea la respuesta a nuestra situación de espera, Dios es quien conoce los tiempos y las circunstancias. Hay conversaciones, situaciones y oportunidades que El Señor tiene en la mira y que nosotros desconocemos, confia de que nada escapa de Su control y en Su voluntad podemos estar tranquilos.

Al igual que el dulce de leche, el tiempo que permanecemos afuera de la puerta cerrada es de cuatro ingredientes: paciencia, obediencia, accionar espiritual y confianza de que El sabe lo que hace.

Si tu tiempo de espera está demasiado difícil, busca a Dios en oración y pedile un toque divino para que te llenes de Su gracia. El te sostendrá si así se lo pedís.

Por: Chef Aura.

Published by G-A Aura

Chef de profesión, escritora por vocación y redimida por la gracia de Dios.

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