El Camino a Emaús – Caminando hacia un nuevo año

Se terminó el pavo, la pierna jamonada, las galletas de jengibre y la rosca de reyes. La estrechez en mi ropa y el ultimo recipiente en el refrigerador con sobras de comida navideña me anuncian de que lo que fue la larga temporada de fiesta oficialmente llegó a su fin.

El 31 de diciembre se siente lejano a pesar de no haber sido hace mucho, esta fue la noche de las promesas; el día en que esperábamos que acabaran nuestros problemas y resucitaran los sueños al amanecer. Esa noche nos observábamos de una manera diferente, contemplando lo que teníamos y lo que nos faltaba por obtener, nadando entre aguas optimistas que nos aseveraban de que todo seria mejor el próximo año.

Hoy todo se siente diferente, se acabó la espera, el futuro ahora es presente, las cuentas empezaron a llegar, las noticias siguen reportando lo mismo que el año pasado, encima de esto, el trabajo -o su ausencia- nos recuerda de que la vida sigue, tal como la dejamos a mediados de diciembre.  La esperanza de la redención del Año Nuevo ya comenzó a desaparecer y luchamos para no perder el ánimo que presumíamos a la media noche hace casi dos semanas atrás.

Es un camino largo el que se recorre al retomar la rutina, se cuelan muchos obstáculos incluyendo el desánimo y la ansiedad, es aquí donde luchamos por no escapar de nuestro estado optimista -esperanzador- misma lucha que no siempre ganamos terminando en una devastadora perdida de esperanza.

Recuerdo el año en que la perdí.

Justamente un día como hoy me topé con lágrimas en el intento de sonreír, no veía las promesas de noche vieja, ni resonaban en mis las palabras proféticas que se habían dado en el servicio de Año Nuevo de la iglesia. Los problemas me abrumaban a tal punto que quería escapar, no sabía hacia donde, pero emprendí un viaje por un desierto llamado tristeza.

Me dirigí ansiosa hacia un pino plástico del que aún colgaba luces y adornos, el pobre no tenía la culpa de nada, pero sentí la necesidad de guardarlo cuanto antes, la realidad era tan amarga y latente que no quería sombras de ilusión burlándose de mi presente.

“La fiesta se terminó” me dije a mi misma mientras observaba la estrella en la cúpula del árbol y sostenía una enorme caja entre mis brazos.

Quité una a una las esferas navideñas y comencé a recordar un viaje de 11 kilómetros muy parecido al que yo estaba emprendiendo. Este fue a un lugar llamado Emaús.

Fue el viaje que dos de los apóstoles emprendieron después de la muerte de Jesús, ¿para qué? no lo sé, pero puedo suponer que fue motivados por el miedo.

Estos seguidores de Jesús iban platicando durante el camino, pero sin saberlo (ni poderlo reconocer) Jesús iba caminando junto con ellos y decidió unirse a su charla. Pretendiendo no saber nada, iba haciéndoles preguntas e inquiriendo acerca de la tristeza que reflejaban, sorprendidos, ambos le respondieron al viajero acera de lo que aconteció con Jesús y de cómo tenían esperanzas de que este hubiese sido el mesías que rescataría a Israel, pero hace tres días había muerto.

Entre su tristeza, estos hombres mencionaron la gran noticia de que las mujeres decían haber encontrado la tumba del maestro vacía y para colmo que también vieron ángeles que anunciaban que Jesús estaba vivo.

Jesús inmediatamente guio a este par por las escrituras recordándoles las promesas hechas por Jesus enunciando: “¡Qué torpes son ustedes —les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?”

Después de estas palabras Jesús se despidió de ellos (pretendiendo que tenía que seguir adelante) pero los apóstoles le pidieron que se quedara con ellos. Si bien es cierto la escritura no nos dice que sucedió acá, discierno que algún ánimo les infundió este caminante misterioso (Jesús) al punto que hizo arder sus corazones.

Jesús aceptó la invitación de quedarse con ellos a la hora de comer tomó el pan y lo bendijo, en este momento los ojos de ambos hombres fueron abiertos, pero cuando por fin le reconocieron Jesús desapareció. Los apóstoles fueron corriendo de vuelta a Jerusalén y se reunieron con los otros discípulos quienes confirmaron que El Maestro estaba vivo pues Pedro lo había visto.

Ellos mismos pudieron ver a Jesús de nuevo cuando se apareció en medio de todos y sabiendo lo que había en sus corazones les preguntó: “¿Por qué tienen el corazón lleno de dudas?”

Esto me trae de vuelta al día que me veía reflejada en las esferas del árbol de navidad casi vacío, yo también tenia muchas dudas, no podía ver nada bueno en mi presente y estaba cansada de esperar a un futuro que muchas veces no llegaba a como lo esperaba.

¿Te has sentido así?

Yo confieso que esa no fue la ultima vez que me pasó.

Creo que cada enero me visita el mismo sentimiento, unas veces gritando y otras susurrando, apenas perceptible pero inquieto.

Hoy estamos caminando en una dirección muy parecida a la de Emaús, tenemos promesas, pero en el camino de la rutina las olvidamos y es aquí justamente donde podemos aprender mucho del camino a Emaús que recorremos.

Este viaje de derrota se transformó en una experiencia gloriosa por tres razones:

  1. Jesús fue el compañero de viaje
  2. Recordaron las escrituras
  3. Tuvieron comunión con El Señor

¿Quién te acompaña?

Los compañeros de viaje son muy importantes, si durante tus 11 kilómetros te acompañan personas quejumbrosas y pesimistas, probablemente tu jornada será caótica y terminaras perdiendo las pocas fuerzas que te quedan.

Al igual que en el relato mencionado anteriormente, El Señor siempre está dispuesto de encontrarnos en el camino, es más, el camina con nosotros, aunque no lo podamos ver.

Cuando el recorrido se torne desalentador, pidámosle a Jesús que nos hable mas fuerte que nuestros miedos, por ejemplo, adorar, cantar y orar son acciones que reconocen al caminante que nos acompaña al punto de apagar las voces contrarias.

Jesús está ahí y te será revelado si reconoces su presencia.

¿Qué te ha sido dicho?

El corazón atribulado de los caminantes fue alentado al recordar las promesas de la palabra de Dios. ¿Has leído sus promesas últimamente? Es muy distinto saber que dice Dios a nuestra vida, muchos se saben el Padre Nuestro de memoria, por ejemplo, pero es diferente el ejercicio de recordar las promesas que Dios tiene para nosotros.

La cotidianidad y sus afanes puede hacer que olvidemos esa palabra que devolverá nuestras fuerzas, yo no se cual es la tuya, pero se que te ha sido dado alguna y con solo escudriñar las escrituras la encontraras si no lo has hecho. El día a día implanta demasiadas ideas y afanes en nuestra mente, por eso no podemos empezar nuestra jornada sin antes recordar lo que dicen las escrituras, esto hará toda la diferencia.

¿Cómo está tu comunión con Jesús?

Quizás tus días son muy cansados y no tenes mucho tiempo para orar o tener un tiempo a solas con Dios, pero los discípulos nos demostraron que solo basta un momento a solas con Jesús para reconocerle y recobrar la alegría.

No permitas que pase el día sin tener esa intimidad con tu creador, en este momento es cuando veras que el sigue siendo el mismo del año pasado, el que te ha sostenido y lo seguirá haciendo. Los tiempos cambian, pero Dios no, su presencia te ha traído refrigerio en los peores momentos y lo volverás a experimentar estoy segura de que, aunque Dios es menos o mas poderosos si oramos (o dejamos de hacerlo), se desborda en amor cuando le buscamos porque sabe la necesidad que tenemos de su presencia, tenemos un Dios enamorado de sus hijos y quiere que le busquemos.

Cabe recordar que tenemos eternidad en nuestra alma, siempre buscaremos una deidad en quien encontrar esperanza, así que, si no tenemos comunión con Dios, poco a poco y de forma natural buscaremos algo (o alguien) en quien depositar nuestros anhelos e ilusiones, tristemente a veces pueden ser objetos que a la larga nos traen una codependencia o adicción.

Quiero contarte el final de la historia. Ese año en que los problemas me aplastaban comenzó muy mal, pero conforme pasaban los meses, en medio del ayuno, la oración y la comunión con Jesús, todo fue cobrando sentido y teniendo un norte.

La esperanza del 31 de diciembre comenzó a hacerse constante en medio de planear mi vida y dar pasos de fe en lo que El Señor me llamaba a hacer.

La vida victoriosa de la que tanto se habla no es precisamente una existencia llena de lujos y sin problemas, no, sino más bien el tener un propósito y cumplirlo teniendo la paz y seguridad de que Jesús camina a nuestro lado, tiene promesas para nuestra vida y está presente para darnos paz y guía.

Hoy, se acabaron las fiestas, reemplazamos la comida dulce y condimentada probablemente por ensaladas, verduras y carnes al vapor, pero la alegría no tiene porque terminarse solo porque nuestra dieta y agenda cambió, el canto sigue ahí, los seres queridos que aun tenemos la dicha de disfrutar continúan estando a una llamada o visita de distancia, tu corazón aun late y tu destino sigue esperando.

No camines hacia Emaús, no te corras del presente esperando las próximas festividades, camina hacia tu propósito en Cristo.

Camino a Emaús: Lucas 24:13-35

Pídele al Señor Un Toque Divino y sazona tu vida con gracia.

Por: Chef Aura

2 thoughts on “El Camino a Emaús – Caminando hacia un nuevo año

  1. “El Señor siempre está dispuesto de encontrarnos en el camino, es más, el camina con nosotros, aunque no lo podamos ver.” Amén mi querida Aura, que hermosa reflexión, es una bendición leerte. Un abrazo. Saludos

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