No veo cómo… La viuda de Sarepta y sus panes

1 Reyes 17:8-24

“¡No tengas miedo!” …

“Siempre habrá harina y aceite de oliva en tus recipientes, ¡hasta que el Señor mande lluvia y vuelvan a crecer los cultivos!”.

Estas promesas suenan muy hermosas, pero son difíciles de asimilar cuando vemos escases a nuestro alrededor; esto es que justamente estas palabras le fueron dichas a una viuda que vivía en Sarepta, una mujer sola y pobre que no tenía mucha esperanza en la vida.

La historia que nos relata 1 Reyes 17:8-24 habla de dos personas que se conectan para creer en una provisión en medio de la escases.

Elías, el profeta de Dios, le toca viajar y dar un mensaje al rey Acab de parte del Señor, rey que a su vez está casado con una princesa de Sidón y sacerdotisa malvada llamada Jezabel. La esposa del rey trajo a Israel un nuevo culto de adoración a su dios llamado Baal (un dios producto del folclore de la zona) y así pretende reemplazar la adoración a Jehová.

El arriesgado trabajo de Elías era anunciarle al rey de que ha causado la ira de Dios y por lo tanto habrá una sequía. Lo irónico es que este dios Baal בָּעַל‎ [Báʿal] era conocido como el dios de la tormenta, lluvia y fertilidad.

En la región donde vivía el profeta Elías la lluvia no era abundante, generalmente comenzaba a llover de octubre a abril, y esto ayudaba a las cosechas para tener provisión por todo lo que restara del año, por lo tanto, para estas personas la sequía significaba pobreza, falta de alimento y hasta la muerte.

Lo más trágico de la historia es que tomando en cuenta lo anterior, el mismo Elías estaba entre quienes sufrirían las consecuencias de la falta de lluvia.

En una parte del capítulo, La Biblia nos relata que Dios le dice a Elías que vaya a Sarepta, una ciudad cerca de Sidón (de donde Jezabel era originaria) lugar que también estaba sufriendo las consecuencias de la sequía. Acá Dios le dice al profeta, que hay una viuda al que el le ha dicho que le de comida «Vete a vivir a la aldea de Sarepta, que está cerca de la ciudad de Sidón. Yo le he ordenado a una viuda de allí que te alimente»

La viuda en cuestión nos imaginamos que sería joven puesto que es madre de un varón que es niño aún y por lo general las mujeres se casaban a edad temprana; pero a pesar de su juventud, en esa época la viudez se asociaba con la vulnerabilidad y la pobreza así que es difícil pensar que esta joven señora tuviera abundancia de provisión.

Es interesante como Dios le dice a Elías que le ha ordenado a la viuda que lo alimente, porque cuando el profeta llega donde ella, la encuentra justamente recolectando leña para hacer pan con lo último que le quedaba de aceite y harina ya que su plan, sabiendo que no tendría nada después, era echarse a morir con su hijo.

Estas palabras de la mujer son desgarradoras, porque puedo imaginar el dolor y la impotencia que esta sentía sabiendo que no contaba con los medios para proveer para su pequeño ni para ella.

Me recuerda a las veces que la vida nos pone entre la espada y la pared, como cuando tenemos que decidir que cuenta pagar y cual dejar desatendida porque no alcanza el dinero, ateniéndonos a las consecuencias que puedan venir por faltar a un pago de factura y sin saber cómo haremos el próximo mes; o como cuando nos dan una noticia que se acabó la salud que creíamos tener y decidimos usar nuestras ultimas fuerzas para someternos a un tratamiento que no sabemos si va a dar un resultado positivo.

A mí en lo particular me trae a la mente (y al corazón) a muchas madres y padres de mi querida y sufrida Latinoamérica que por problemas políticos les cuesta encontrar trabajo (hay una sequia económica) y no saben como suplir las necesidades de su hogar.

Volviendo al pasaje bíblico, tenemos en esta historia a dos personas que necesitan alimento, dos almas que vivieron en esta tierra durante un momento difícil política y espiritualmente; ninguno de los dos tiene nada. Elías venia de tener sustento, había sido alimentado por los cuervos en el oriente, y bebida del arroyo de Querit, pero este se secó, y la viuda supongo que en algún momento tuvo a un esposo que velara por ella, pero este murió.

Ahora Elías después de haber sido obediente, en fe, volvía a hacer caso al mandato del Señor cuando le pidió que fuera donde la viuda; pero esta a diferencia de los cuervos no sabia de donde sacar más alimento, y solo contaba con lo último que le quedaba.

La viuda como es de imaginarse, al ver a este hombre que le visita y le pide bebida y comida, le da agua, pero le explica que no tiene más que un puñado de harina y un poquito de aceite en el fondo del jarro.

En este blog hay una receta de pan ácimo, pan al que probablemente se refería la viuda en este pasaje que estamos analizando, esto lo digo por los ingredientes que menciona; puedo asegurarles que con las cantidades a las que hace referencia no podría sacar mas que dos tortillas de tamaño mediano o una grande; porción que no lograría saciar el hambre por mucho tiempo.

https://untoquedivino.com/2020/01/19/pan-integral-sin-levadura-sin-horno/

Elías después de escucharla, y confiando en que Dios le había prometido de que esta viuda lo alimentaria, se anima a decirle que no tenga miedo y que le prepare un poco de pan primeramente a él, y que luego coma con lo que sobre junto con su hijo, profetizándole después: “Pues el Señor, Dios de Israel dice: “Siempre habrá harina y aceite de oliva en tus recipientes, ¡hasta que el Señor mande lluvia y vuelvan a crecer los cultivos!”

Promesa que ella pudo ver cumplida con sus propios ojos ya que ella, su familia y Elías comieron durante muchos días y siempre hubo suficiente harina y aceite de oliva en los recipientes.

Acá me hace recordar cuando La Palabra de Dios dice que busquemos primero el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas nos serán añadidas (Mateo 6:33)

Tiempo después, dice La Biblia, que el hijo de la mujer enfermó y empeoraba cada día hasta que murió. El profeta que aparentemente vivía de huésped en esta casa, recibió la queja de la viuda que en su dolor le reclamó por la muerte del niño. Elías después realizó un milagro a través del poder de Dios, ya que clamando rogó al Señor que le devolviera la vida al niño; la oración fue escuchada y el niño bajó del cuarto de arriba donde había sido llevado junto con el profeta pues había vuelto a la vida.

Habiendo analizado un poco la historia de Elías y la viuda, les cuento porque me ha llamado mucho la atención en este momento.

Muchas veces en mi vida he dicho “no veo cómo”. No veo cómo saldré de esta situación, no veo cómo esto será para mi bien, no veo cómo esto que estoy viviendo puede terminar en algo bueno, no veo cómo voy a resolver este problema.

Pero si hoy me siento a hacer un recuento de mi pasado, puedo asegurarles que si ví cómo y estoy segura de que ustedes también.

He visto muchas situaciones de dolor que me han hecho paciente y fuerte, he visto la forma en que enfermedades me han forzado a cuidar más mi alimentación y hasta pérdidas que me han hecho ser mas agradecida con lo que tengo. Pero sobre todo, he aprendido que las promesas que hay para mi en la palabra de Dios se han vuelto realidad.

He estado en la situación de Elías. En un momento que me mudé fuera de mi país necesitaba un trabajo, y fui a un restaurante en el que aparentemente no tenían plazas vacantes para chef de partie ni nada en cocina, pero confiando en que Dios me había prometido prosperarme en este lugar, me presenté personalmente para una entrevista espontánea, igual me fuí solo para regresar con un no de respuesta. A los dos días me llamaron que les urgía alguien de último momento.

He estado en los zapatos del mismo profeta cuando tuvo la provisión de agua y alimento en el arroyo de Querit, pero la fuente de agua se secó y me quedé pensando que porque Dios me dio provisión por tan poco tiempo… pero después comprendí que Querit (lo que me dio sustentó por unos meses) simplemente me estaba acercando al lugar donde yo tenía que ir después, donde estaría mi “de repente”.

He estado en el lugar de la viuda, donde no tengo nada mas que tocar fondo, pero la confianza en una promesa “no te dejare ni te desamparare” (Josue 1:5) han hecho que me atreva a dar pasos de fe y he visto la provisión de Dios; también después he llorado igual que ella porque algo sale mal y no comprendo el porque, solo para ver la mano de Dios nuevamente, ya con un corazón procesado y cambiado.

Si ahora veo atrás, entiendo que promesas se cumplieron en el pasado, y aunque no vea como el presente puede cambiar, se que hay un cómo, y se llama aferrarse a las promesas de Dios.

¿Dios te ha dado alguna promesa?

Crée y confía.

Hoy no necesitas a un profeta que llegue a la puerta de tu casa a darte palabra. Abre La Biblia que esta llena de promesas para tu vida.

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Mateo 4:4

Pídele al Señor un toque divino y sazona tu vida con Su gracia. Pídele al Señor un toque divino y sazona tu vida con Su gracia. Pídele al Señor un toque divino y sazona tu vida con Su gracia.

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